22 abr. 2010

Un viaje muy duro

Salimos el lunes a las nueve y media de la noche. Éramos seis, todos preparados para animar al Barça. Después de mil quilómetros, a las siete y media de la mañana llegamos a Milán. Estábamos agotados, así que aprovechando que nuestro vehículo era una Westfalia montamos las dos camas y descansamos un rato. Tres horas después, empuñábamos el volante de nuevo y nos dirigíamos hacia el centro.

El Duomo fue el escenario donde la afición blaugrana se juntó. Durante todo el día los cánticos, los petardos y el buen rollo llenaron la plaza central de Milano. Los interistas también se reunieron allí y un pique sano entre aficiones inundó la Catedrale. Los turistas pronto dejaron de lado el impresionante monumento y dirigieron sus miradas hacia la marabunta que cantaba a plena voz himnos deportivos.

A las siete la plaza se fue vaciando, el culé iba hacia el estadio. A partir de aquí las cosas cambiaron y pronto el fair play desapareció. Empezaba la guerra.

Como la afición blaugrana había llegado muy tarde al estadio debido a la mala organización italiana, apenas tuvimos tiempo de sentarnos cuando el partido empezó. Con el primer gol la alegría inundó la grada blaugrana. San Siro se temía lo peor. Mientras, los cánticos blaugrana eran lo único que se escuchaba en ese precioso estadio.

Pero la alegría va por barrios y poco después llegó el empate del Inter. Ahí empezó todo. En ese momento, los culés supimos que las cosas no pintaban bien y que si perdíamos íbamos a sufrir. Con el segundo y el tercer gol de los italianos nuestras sospechas se confirmaron. Los tifossi no lo hubieron imaginado nunca y empezaron a burlarse y reírse de nosotros. No les culpo, nosotros hubiéramos hecho lo mismo en caso contrario.

Ahora bien, nadie esperaba lo que sucedió después. El partido terminó y sonó música. Habían ganado, era normal. Lo que no sabíamos era que esa música duraría más de media hora y que los interistas se quedarían bailando y burlándose de nosotros todo el tiempo posible. La seguridad del campo no nos dejaba ir hasta que el estadio se vaciase, así que no nos quedó más remedio que aguantar las burlas durante más de una hora. Al fin, salimos del estadio. Fuera aún recibimos algún gesto prepotente más pero nuestras caras, puros reflejos de tristeza, ya no estaban pendientes de la actitud maleducada de los interistas.

A la una y media, con la sensación de haber hecho muchos quilómetros para nada, emprendimos el regreso a casa. A las once de la mañana llegamos al fin. Lejos de estar tristes, el único gesto palpable en nuestras caras era el cansancio. Todos nos miramos. La remontada era difícil, sí, pero la ilusión seguía intacta. Perdimos por dos goles, se burlaron de nosotros y nos tragamos dos mil quilómetros en coche. Pero a nosotros nos gusta creer…

Dijo Guardiola que iban a morir de pie luchando. Yo le aseguro que no estarán solos en esa batalla. Cien mil voces les acompañarán, ganen o pierdan, para tratar de lograr la remontada. Los culés somos así, sufridores. Aunque nada nos haría más ilusión que jugar la final en el Bernabéu. La historia nos lo debe.

3 comentarios:

Sílvia dijo...

Hola Jordi!
Eres uno de los valientes que fueron en autocar :)
Al 100% con el equipo este miércoles.
saludos
sílvia

Jordi Carrizo Duran dijo...

fui en coche, no autocar! xD
kes peor! xD

Jose Luis Rodríguez Beltrán dijo...

Brutal jordi, muy buen post. Me encantó! Y Jordi, no lo hicisteis para nada, en el Cmp Nou daremos avlor a ese gol de Pedro, ya verás!! Saludosss

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