15 jun. 2011

La redención de Robin Hood


Escrito por Eduard Molins.
Se veía en el rostro del bueno de Nowitzki al levantar el trofeo de campeón de la NBA que había saldado una cuenta pendiente con todos los seguidores de los Mavs y sobretodo con él mismo. El recuerdo de aquella final de 2006 que perdió cuando ya la tenía ganada permanecía grabado en la mente del alemán hasta ese momento.

No es fácil resarcirse de una derrota así, y menos aun teniendo en cuenta la particular travesía del desierto de los Mavericks en los años posteriores, con capítulos sonados como el de los Warriors y su “We Believe”. Así que muy pocos apostaban ya por ellos como candidatos al anillo. Ni siquiera una excelente temporada regular les permitió estar en las quinielas de favoritos. Ni una barrida monumental contra los Lakers les puso por delante en las apuestas contra Miami. Pero las finales son el territorio donde se forjan las leyendas, y ahí el genio del alemán se desató para consumar su venganza.

Y es que estas finales se recordarán durante años por la sobresaliente figura de Nowitzki eclipsando al todopoderoso Big Three de Miami. Quiebro a Bosh y bandeja histórica con la zurda para finiquitar el segundo partido. 38 de fiebre en el Match 4: 10 puntos y 5 rebotes en el último cuarto y remontada de los Mavs para igualar la serie 2-2. Desaparecido en los tres primeros cuartos del sexto partido en Miami para acabar anotando 10 puntos en el último cuarto y dar el campeonato a Dallas. Y es que más allá de los números que ha promediado en las Finales (que no dejan de ser espectaculares) sobresale por encima de todo su capacidad para ponerse el equipo a las espaldas cuando más quema el balón. Nowitzki es uno de esos elegidos para los momentos decisivos, esos en los que solía triunfar Jordan y suele esconderse Lebron.

Dirk se ha consagrado como un jugador único, pero sería injusto recordar a estos Dallas Mavericks campeones sólo por su figura. Ha sido además el triunfo del conjunto sobre las individualidades. Una auténtica lección de baloncesto de equipo donde todos han aportado. Terry despertó de su letargo para dar respiro a Nowitzki y consagrarse como uno de los mejores anotadores de la liga, siendo igual de decisivo que el alemán en los últimos partidos de las finales. Chandler convertido en un titán en la pintura. Marion reencontrándose con su mejor versión de los Suns. Rick Carlisle tejiendo una inexpugnable defensa para contener el poderío del Big Three y dando entrada en el quintento titular al eléctrico José Barea (espectacular el puertorriqueño) cuando peor pintaban las cosas para los de Dallas. Mención aparte para Jason Kidd, uno de esos jugadores que parecía que iba a retirarse sin un anillo en su haber. Justicia baloncestítica para él, uno de los mejores bases de la historia.

Sin duda un maravilloso equipo para recordar y un jugador para la historia. Clase y eficiencia al servicio del triunfo para consagrarse como uno de los más grandes. Gary Lineker decía: ”El fútbol es un deporte que inventaron los ingleses y en el que siempre ganan los alemanes”. En baloncesto, si un equipo sólo tiene a un alemán pero éste tiene una melena rubia, mide 2.13m, cuenta con una muñeca prodigiosa y una aura de leyenda, apuesten por su victoria.

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