26 oct. 2010

¡A por él!

Sigue la caza de brujas en Madrid. Joan Laporta es la víctima, una vez más... Pero no escribo este post para hablar sobre la inocencia o no del expresidente del Barça. Sino para demostrar que el fanatismo convierte el periodismo en carroña.

Hace un año apareció la primera noticia inquietante sobre los negocios de Laporta. Un intermediario aseguraba haber sido estafado por el presidente. Concretamente en 3 millones de euros. Ahora, 12 meses después, la noticia vuelve a salir. El diario Marca sigue deleitándonos…

Inda sigue en sus treces y vuelve a sorprendernos con una delirante interpretación de la lengua española, demostrando una vez más su nulo conocimiento del periodismo. Y es que cualquiera que se maneje mínimamente en los medios de papel, sea como lector o como escritor, sabe perfectamente que una portada debe ser una buena noticia, y esta debe tener dos características por encima de las demás: importancia e inmediatez.

Pero no. El secuaz de PJ tiene inmunidad para practicar cualquier atropello sin ninguna reprimenda. Puede mover los hilos de la mentira con tal de arremeter contra aquel que le ha desafiado. Y vale cualquier cosa, incluso repetir una portada de hace un año haciendo creer que la noticia es de actualidad.

Y aunque no parezca muy grave, lo es tremendamente. Inmerso en la política, y con una demanda bajo el brazo, cualquier pisotón a Joan Laporta puede suponer el fin de su nueva carrera. Un camino que Laporta trazó muy bien hace ya algún tiempo y que hasta el momento había funcionado.

Pero sucede justo ahora, en este momento. El más preciso y mortífero de todos. Sin margen de maniobra y con una masa expectante. La lucha encarnizada de la política se inmiscuye en los medios sin temor alguno a ser sorprendido. Y ataca donde sea, aunque para ello tenga que destrozar el único elemento de este mundo capaz de unir a ricos y pobres o blancos y negros: el deporte

Un diario deportivo no puede tratar de influir de semejante manera y de forma tan poco lícita a sus lectores. Hay unos límites que no deben sobrepasarse. Evidentemente la prensa libre no existe y no deben negarse los intereses que se mueven en la comunicación. Pero de aquí a intentar destrozar un personaje por ser un rival potencialmente peligroso perteneciente al bando contrario es demencial… aunque muy real.

Y asusta, acongoja. Desconocer hasta donde pueden llegar los medios hiela la sangre. Creemos estar muy lejos de 1984, el libro caótico que describe el mundo como un Gran Hermano global. Y tengo mis dudas, de verdad…

1 comentarios:

Gabriela Miranda dijo...

De verdad que NO lo entiendo. Que dejen en paz a Jan. Por desgracia ya es pasado culé. DEJENLE VIVIR EN PAZ COLLONS! (perdón por la palabrota)

Saludos.

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